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Meditación


"Meditar es prestar atención plena, tomar conciencia del eterno presente y percibir el Silencio Interior, la Paz, el Amor, la Vida que siempre están”.

La importancia de la atención plena.

Ya sea que practiquemos meditación budista, vipassana, advaita, mindfulness, trascendental, meditemos con ayuda de un “objeto” (una vela, una foto de un maestro o deidad, un mantra o la respiración...) siempre necesitaremos la atención plena para meditar (la observación sin juicios y sin expectativas).

Beneficios de la meditación.

En numerosos estudios científicos acerca de la meditación se han podido comprobar muchos beneficios a nivel físico, mental y emocional. Se ha observado un aumento de la masa gris en el cerebro (las neuronas), así como una regeneración neuronal y aumento de claridad mental, concentración, inteligencia, aprendizaje, memoria, intuición, inspiración, calma, relajación.

Se produce una reducción de las hormonas de cortisol y adrenalina y, por tanto, una reducción del estrés, la ira, el miedo… y un aumento de las denominadas “hormonas de la felicidad” como son las endorfinas, la dopamina, melatonina y serotonina. Esto hace que mejoren todos los sistemas: nervioso, respiratorio, circulatorio, inmunológico, endocrino, digestivo, reproductor… Se refuerza el campo electromagnético y aumenta la energía, la vitalidad.

Como consecuencia de todo esto, mejoran el estado de ánimo, las relaciones y el rendimiento laboral, escolar, deportivo... Son muchos los beneficios de la meditación a nivel físico y mental y, por supuesto, aunque no esté científicamente demostrado, también a nivel espiritual.

En mi experiencia personal, gracias a la meditación, el cuerpo se purifica, la mente descansa, las células y neuronas se regeneran. Gracias a la meditación cambia la percepción del mundo, de la realidad, de la vida… Gracias a la meditación reconozco el silencio, la paz, el amor, la libertad...

Consejos prácticos para empezar a meditar (según mi experiencia).

Para meditar no es imprescindible estar sentados en una posición determinada sobre un cojín sin movernos. Estas condiciones ayudan mucho y son muy recomendables, sobre todo cuando nos iniciamos en la práctica de la meditación; sin embargo, también podemos meditar mientras realizamos cualquier actividad, caminando, comiendo, lavándonos y hasta cuando dormimos si estamos plenamente conscientes. Si podemos llevar la atención a todo cuanto hagamos, mejor.

Tampoco es imprescindible usar ropa de un color determinado, cualquier ropa cómoda servirá, aunque, con la práctica, nos daremos cuenta de que las experiencias pueden ser diferentes con una ropa de un color o de otro, o con un tipo de alimentación u otro. De todas formas, las experiencias nunca van a ser iguales.

Es importante que la alimentación sea equilibrada y lo menos procesada posible. Las experiencias también serán diferentes si practicamos algún ejercicio de movimiento de energía, yoga, chi kung, artes marciales, deportes… que si no lo hacemos, ya que los canales energéticos seguramente estarán más limpios y las purificaciones que surgirán como consecuencia de la práctica de la meditación serán más “tranquilas”.

También las experiencias meditativas serán diferentes en un ambiente o en otro, meditando solos o en grupo, o meditando con un maestro.
No es necesario meditar en un bosque, en una montaña, en un templo, o en una cueva, aislados de todo. Se puede meditar perfectamente en una ciudad ruidosa aunque nos parezca imposible. El ruido no es excusa para dejar de meditar.

Aunque la tv o la lavadora de los vecinos haga ruido, o el gato, o el camión del gas nos distraiga hay que volver a enfocar la atención en la práctica.
Cuando comencé a meditar vivía en un edificio, en un 7º, con vecinos arriba y abajo. Mi familia veía la TV o escuchaba la radio y, por si esto fuera poco, a unos metros pasaban trenes con bastante frecuencia. Podría decirse que no eran las mejores condiciones para meditar, sin embargo, me encerraba en mi cuarto y practicaba la meditación. La autodisciplina fue mucho más importante que las distracciones y los cambios llegaron. Con la práctica, me di cuenta también de que es mayor el ruido mental que el ruido externo.
Podemos meditar entonces en cualquier ambiente, tanto si lo percibimos tranquilo como ruidoso, sin que esto nos afecte en la práctica, pues se trata también de darnos cuenta de la impermanencia de todo cuanto nos rodea. Los sonidos, los ruidos, las distracciones, los pensamientos, también son impermanentes, surgen y desaparecen, surgen en el silencio y regresan al silencio…

Es importante meditar todos los días y en el mismo lugar. Esto hará que la acción de meditar se convierta en algo prioritario en nuestra vida. Será un mensaje de prioridad para el subconsciente y, al mismo tiempo, se creará una energía cada vez más favorable para la práctica de la meditación.

Cómo empezar a meditar.

Sentado sobre un cojín en la postura del loto “padmasana” (quien pueda, claro), o en medio loto o en diamante (Vajrasana), o si no en una silla con los pies bien firmes sobre el suelo. Con la cabeza ligeramente inclinada hacia adelante y la espalda recta pero con los hombros y brazos relajados. Las manos sobre las piernas o rodillas o juntas cerca del vientre en posición de mudra del vacío. Se aconseja también meditar con una leve sonrisa como en las representaciones del Buda. La sonrisa del Buda era por la experiencia de liberación e iluminación que estaba viviendo. Nuestra experiencia no será igual pero, al menos, el gesto de sonrisa generará endorfinas.

Durante la práctica es importante no moverse pero si no queda más remedio que hacerlo, entonces que sea con movimientos muy lentos y llevando la atención hacia ellos. Después continuaremos con el ejercicio.

Permite que tu cuerpo encuentre una posición relajada. Cierra los ojos y lleva la atención a tu respiración. Respira de forma natural y sin hacer caso de pensamientos ni distracciones observa el momento en el que entra el aire en tus fosas nasales, observa el pequeño espacio entre inhalación y exhalación, observa cómo sale el aire por las fosas nasales, observa el espacio que hay entre exhalación e inhalación y continúa observando de nuevo el proceso durante unos minutos… 10 ó 15 está bien para empezar, después se puede ir aumentando. La atención en la respiración ayudará a calmar la mente que, es muy posible, al empezar a meditar, estará más agitada que nunca e intentará distraer y desviar la atención de mil maneras. Después de unos días de práctica la mente se irá calmando cada vez más y, con más práctica, la percepción se irá haciendo también más profunda, pudiendo ser observadas sensaciones más sutiles, el surgir y la desaparición de los pensamientos, de las emociones, de cualquier proceso…, experimentando el vacío o silencio interior, permaneciendo y observando sin expectativas, sin juicios y sin esfuerzo, llevando el estado meditativo a cualquier actividad.

No es necesario buscar el Silencio, la Paz, el Amor, la Conciencia, porque siempre están presentes sin importar lo que suceda con nuestras creaciones mentales; si no somos conscientes de ello es porque los condicionamientos y juicios programados en la mente, limitan nuestra percepción. Lo único que se necesita es darse cuenta de lo que siempre está. Tampoco tenemos que buscar o intentar "dejar la mente en blanco", ni esforzarnos en “alcanzar un objetivo”. El silencio interior aparece cuando dejamos de buscar, cuando aceptamos el eterno presente sin resistencias. Sólo hay que percibir de forma natural, tranquila, sin esfuerzos, sin juicios, sin valorar, identificando lo que ya es, lo que siempre es.

Jesús Salán.


















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